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Los judíos tenían un refrán
respecto de sus hijos: El que no da un oficio
a su hijo, le enseña a ser ladrón.
Los
judíos
sabían de la importancia de inculcar a sus hijos,
desde muy pequeños, a que tengan un oficio.
Por circunstancias de la vida, cuando contaba con 14 años,
me fui a vivir con una tia en Chile, ella residía
en una ciudad pequeña al norte de dicho país.
Ella era una persona muy estricta, quería no solamente
excelentes calificaciones en la escuela, sino que también
buscara un trabajo y si acaso habia tiempo, podía
jugar; mi inicié trabajando en una tienda de
abarrotes los fines de semana y en vacaciones; eso si, sin
descuidar mis estudios, ahí es donde aprendí a
tratar al cliente, atender a sus necesidades y fundamentalmente
satisfacer sus demandas.
Es precisamente en este ambiente en que nació en mí,
el espíritu empresarial. Lo primero que se me ocurrio
fue vender dulces en el colegio, aprovechando los recreos.
Al principio fue difícil, nunca antes había
vendido nada, además de que en esos años en
Chile, existía una marcada discriminación hacia
los bolivianos. Algo que me ayudó en sobremanera,
fue el apoyo recibido de parte de mi tía. Aunque a
su manera, siempre me animaba a no darme por vencido, creo
no tanto por la necesidad económica, sino porque teníamos
que estar activos, estar ocupados en algo y que mejor no
hacerlo en actividades provechosas que en el futuro podría
servir de algo, y dicho y hecho.
Juntamente con ella, comprábamos los ingredientes
necesarios para los famosos calugas; (la receta esta al final
por si no saben) dulce de leche y nueces, los preparábamos
en el horno, luego los partíamos en tamaños
adecuados y los envolvíamos en llamativos papeles
y a la venta en el colegio.
Las ventas fueron mucho mejor de lo que me imaginaba, no
puedo decir que me volví millonario, pero fue un aliciente
importante, dentro de mí decía: ¡si se
puede! Cuando el capital iba en aumento empecé a variar
mis ofertas, ya no solamente ofrecía mis dulces caseros,
también tenía otra variedad de dulces y caramelos
que los compraba al mayoreo para su venta al detalle.
Asimismo
mi campo de acción se fue ampliando hacia las calles
y con otras ofertas: la venta de revistas de historietas
cómicas. Asimismo cuando mi tío traía
del mar toda clace de mariscos, les ayudaba a vender mariscos,
erisos, almejas y algas por las calles de Tocopilla.
En realidad fue una época de varios sacrificios, no
tenía que dejar mis estudios, ni se me cruzaba por
la mente esa idea; para mis ventas aprovechaba mis tiempos
libres, mientras el resto de mis compañeros de estudio
se dedicaban a jugar, yo me dedicaba a trabajar, a vender.
En todo este tiempo y sin quererlo, aprendí los rudimentos
del negocio y aqui comparto algunos consejos que me ayudaron,
que le pueden ser utiles en la crianza de sus hijos y porque
no en usted tambien.
- Talento. Vea
qué talentos y dones
Dios le ha dado a sus hijos y por ende, a usted mismo.
Esto es importante; no olvidemos que todos de alguna
manera, tenemos dones, talentos, habilidades, aptitudes,
destrezas, etc. Unos mas que otros, pero todos.
- Empiece de menos a más.
Los buenos cálculos son parte también fundamental, del éxito;
difícilmente podemos agarrar todo a la vez, es
de a poco. Sentencia un proverbio chino: para
recorrer grandes distancias siempre se comienza con
un pequeño paso. Esto implica que
para recorrer a pie cien kilómetros, se empieza
con un paso.
- Motivación. Creo que fue determinante
el apoyo recibido de mis familiares en esta tarea, sin
importar mi edad, ni los objetivos, ni el que dirán;
me sentía bien. En los grandes negocios pueden existir
una variedad de motivaciones: el ganar bien es uno de los
más comunes.
- Satisfacción de
las demandas. En
realidad es un secreto a voces, que uno de los pilares
del éxito empresarial es la satisfacción
de las demandas de la sociedad; si bien es cierto existían
comercios aledaños al colegio donde también
se vendían dulces, caramelos y otros refrigerios,
mis compañeros no lo tenían tan al alcance
como yo podía ofrecerles. Asimismo caminar por
las calles con mis revistas en mano, etc.
- Creatividad. Lo anterior, necesariamente
nos lleva a buscar ideas, ser creativo en cuanto a satisfacer
esas demandas se constituye en algo imperioso, crea asimismo
competencia, eso es algo bueno y saludable.
- Decisiones oportunas. La
buena lectura de las demandas de mis potenciales clientes
y con ideas en la cabeza, hicieron que tome decisiones
oportunas y encarar acciones acertadas: invertir en compras
al mayoreo, teniendo en cuenta los porcentajes de ganancia;
recurrir a préstamos (como ocurrió con mi tía),
con la seguridad de ser devueltos en tiempos prudentes
y con los réditos que me representaban, etc
Estos puntos, con toda
seguridad, deben estar anotados en libros, manuales y textos
de ventas, marketing y otros por el estilo; pero yo los aprendí a
través de
la experiencia, fallando, cometiendo errores, sufriendo fracasos,
en fin, pero los aprendí. Por lo que: no
es nada del otro mundo, como se suele decir.
Y claro, con el advenimiento del Internet, las posibilidades
se han multiplicado.
A tiempo de agradecerle
por su tiempo, deseo pedirle tal vez usted pueda escribirme,
ya que sus comentarios, análisis,
críticas u opiniones me serán de gran ayuda.
Gracias y hasta la próxima.
RECETA CASERA DE LAS CALUGAS
Ingredientes
2 1/2 taza de azúcar granulada
60 gramos de mantequilla o margarina
1 tarro de leche condensada
Preparación
Derrita el azúcar a fuego suave, revuelva de vez
en cuando hasta que quede de un color rubio claro y sin
grumos.
Añada la mantequilla y luego, poco a poco la leche
condensada revolviendo enérgicamente para evitar
grumos.
Deje a fuego suave unos 20 minutos más o menos,
sin dejar de revolver y una vez consistente (que se vea
en fondo de la cacerola) retírelo.
Vacíe sobre una lata de horno o mármol previamente
enmantequillado, y antes que se enfríe completamente,
corte las calugas con un cuchillo afilado pasado por agua.
Le puede agregar maní o nueces picadas y quedan
igual que las Pelayo, las pueden incluso envolver en papel
mantequilla y regalar a sus seres queridos.
Buen provecho.
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